Visita "CAJA DE SUEÑOS"

7 sept. 2008

El Superhéroe que tenemos en el closet

En la mayoría de los superhéroes, la característica principal de su personalidad
conocida y abierta era cierto grado de estupidez. A veces también la comicidad, el
miedo o la inseguridad (pensemos en Diego de la Vega —el timorato que escondía la
personalidad secreta del Zorro). Es decir, siempre se trata de rasgos opuestos al
heroísmo, la valentía, el honor.
Pero ¿cuál es la verdadera personalidad?, ¿la tarada o la heroica?
La heroica, por supuesto.
Ahora, yo me pregunto: si los superhéroes actuaban su personalidad falsa, cotidiana e
intranscendente, ¿por qué era la verdadera personalidad la que aparecía enmascarada?
¿Qué habrá pasado con nosotros que hemos crecido pensando que la personalidad que
debe mantenerse en secreto, oculta y escondida es la del héroe?
¿Cuál es mensaje? ¿Cuál el resultado?
¡¿Hay que esconder al héroe?!
Éste ha sido un gran error.
Nos hemos engañado y hemos engañado a los que nos siguen, haciéndoles creer que la
personalidad secreta es el superhéroe, cuando en realidad no es así.
Nosotros hemos fabricado esta cultura, escondiendo en nosotros los mejores "nosotros".
Hemos vivido y vivimos dejando a la vista de todos a los "otros":
a los pusilánimes
a los temerosos
a los asustadizos
a los raros
a los que no pueden participar
a los que no pueden hacer
a los que no pueden cambiar
a los que coinciden con el sistema
a los que se someten a las reglas
a los que aceptan las cosas sin querer cambiarlas...
¿Por que esconder al superhéroe?
¿Por qué esconder al que de verdad puede hacer las cosas?
Porque aquéllos, los de la lista, ¡son los aceptados!
Bruno Díaz, Diego de la Vega y Clark Kent... ¡no tienen problemas al salir afuera!
Nadie se mete con ellos; de hecho su juego consiste en pasar inadvertidos.
Y la mejor manera de pasar inadvertido, hemos aprendido de nuestros ídolos, es...
¡pasar por tontos!
Así armamos muchos nuestra identidad: actuando como tarados y escondiendo
(...)
(Jorge Bucay, El Camino de la Felicidad).
Un amigo me prestó este libro y me ha gustado mucho esta parte. El juego loco de nuestra época en la que cada uno quiere ser especial y a la vez pasar inadvertido. Quieres que nadie se olvide de tí, pero no quieres que te noten mucho.

Como para meditar.

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