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17 jul 2008

Ho'oponopono: Un Video

El Ho'oponopono es una terapia Hawaiana de la que habíamos ya hablado aquí

¿Cómo hacer la terapia?

Es una terapia de resolución de conflictos, así que lo que hace es alinearte con una persona con la que no te encuentras bien.

Consiste básicamente en visualizarte a tí y a esa persona, luego imagina que se encuentran en una escalera, tú un escalón encima de ella. Luego sobre tu cabeza siente una fuente de amor y de sanación rebalsando tu corazón, y cómo de tu corazón esa fuente va hacia el de esa persona.

Al terminar, háblale y dile lo que te duele. Luego de decirle todo lo que sientes que debes decir, finaliza con "te perdono", "lo siento" y "te amo".

Siente cómo esa persona te pide perdón, y déjala fluir....

Es una terapia hermosa.

Les dejo el video.

5 jul 2008

Y yo también amo a Chaqueta


No entiendo un pepino, pero amo a la juventud y sus locuras, y amo a Venezuela y su gente alegre y amo a todo lo amable. Así que amo a Chaqueta.


Este es el premio que le regaló Luis a este blog y estoy emocionada y agradecida :)

23 jun 2008

Diez Consejos para Cultivar la Paz Interior

1. Sal de tu cabeza y entra en tu cuerpo. ¿Sabes cómo hace tu brazo para lanzar una pelota? ¿sabes cómo haces para dormir en la noche? No, y tampoco sabes (en tu cabeza, en tu mente) cómo encontrar la paz. Tu cuerpo es tu mejor guía aquí. ¿Cómo se siente la paz en tu cuerpo? ¿Qué actividades (o no actividades) cultivan la sensación de paz para ti?

2. Crea espacio en tu vida. Semanalmente revisa la semana que viene y separa uno o dos espacios de tiempo para “paz”. Evita planear cosas en ese tiempo. Permítete hacer o no hacer lo que fuera que sientas más pacífico en ese momento.

3. Prepara la escena. Cuando te despiertes por la mañana, toma un tiempo para establecer una intención de paz para el día. Imagínate cómo quieres sentir y ser. Sabes que esta paz es una elección que tú puedes hacer, sin importar las situaciones que te encuentres durante el día. Reza, medita o simplemente bebe un té caliente con la intención de preparar la escena para la paz.

4. Descansa tus herramientas. Uno de los mayores obstáculos para la paz es la compulsión interna de “hacer” y tratar de “arreglar” cosas, situaciones, gente, etc. Da un paso atrás de la situación estresante para darte cuenta de tus propios pensamientos y sentimientos sin juzgarlos. Date permiso para dejar al mundo solo y “sal” hacia tu interior.

5. Respira profundamente. ¿Te has dado cuenta cuán superficial y rápida es tu respiración cuando estás estresado? Respiraciones largas, lentas y profundas es una señal para tu cuerpo de que quieres paz.

6. Sé conciente de la naturaleza. Sal por lo menos una vez al día a un paseo corto. Fíjate cómo la naturaleza está en medio de un cambio de estación. Imagia la paz de los árboles y plantas en el mundo de la naturaleza. Fíjate que los cambios ocurren gradual y pacíficamente. Sé paciente con tu proceso de cultivar la paz.

7. Enciende una vela. Elige un ritual como encender una vela, que representa el experimentar la paz. Cuando mires la llama imagina una llama blanca de paz que siempre vive en tí.

8. Abraza a quienes amas. Se siente bien el ser amoroso y cariñoso. Eso es también muy positivo para tus relaciones.

9. Elige tu próximo pensamiento cuidadosamente. ¿Qué es lo que piensas cuando estás en un torbellino? ¿Qué situaciones imaginas? Si quieres mantener paz en tu vida, tienes que aprender a dejar ir los pensamientos turbadores y reemplazarlos con pensamientos e imágenes pacíficos. Di para tus adentros o en voz alta “en esta situación, quiero paz”.

10. Deja que el suelo te sostenga. Una profunda relajación física es una maravillosa manera de cultivar la pz interior. Y al final de un largo día, adoro tirarme al suelo, poner mis piernas sobre el sofá, cerrar mis ojos, respirar profundamente y simplemente siento cómo el suelo me soporta. Me concentro en dejar ir cualquier tensión muscular. Relájate y deja que el suelo te sostenga por un momento. Author Profile: Submitted by Christine Morris, Ph.D., who can be reached at cmorris@howardcc.edu. Traducido al español por Guita Verdeguer (http://emeveautoayuda.blogspot.com)

28 may 2008

El Amor, el Amor.

Sobre esto no he tomado curso alguno, porque no está en mis prioridades. Es curioso pensar eso, sobretodo en una mujer sola, que necesita tanto ser escuchada, ser acariciada y… sentirse especial para un hombre especial.

Ayer (en otro blog) comentaba algo que me pasó hace muchos años la primera vez que me enamoré. Y lo hice riéndome un poco del tema porque han pasado casi 16 años y no me causa más que gracia o ternura por mi inocencia. O al menos eso pensaba.

Luego me puse a pensar ¿por qué razón siendo yo como soy (pragmática y rápida para el “desenamoramiento”), cada vez que pienso en “él” lo hago con temor a lastimarme?). Y me puse a repasar mis enamoramientos para ver el patrón de conducta.

Es un patrón aparentemente diferente al de mis relaciones amorosas (de lo cual ya hablé) en las que el patrón de conducta es: él me quiere, yo no merezco ser querida, si él ve algo bueno en mí, tengo que agradecerlo y tratar de quererlo o al menos parecerlo.

Hoy voy a hablar de las pocas otras veces que he tenido “amores platónicos”.

En el primero hay una marca imborrable: él no me quería. Es decir, el único chico que yo elegí, que me gustó a mí, no quiso saber nada de mí. No le gusté. Con lo que parece que aprendí a que no importan mis sentimientos, la clave es que “él” sienta algo. (¿El patrón de enamoramiento de mis relaciones amorosas?… sí.). No se me pasó porque nunca tuve chance de confrontarlo a él o a mis sentimientos. No se me pasó porque no volví a pensar en ello al terminar la secundaria. El saber ahora que está casado y que no es posible ni soñar con él… me ha llevado a confrontarlo y cerrar ese capítulo que anda por ahí, perdido.

El siguiente chico en el que me fijé fue un numerario español que me dio clases de algo en la Universidad. Me parecía guapísimo, se me cortaba la respiración cuando le hablaba y a él se le cortaba también cuando me hablaba a mí. Ah, no he dicho que en ese momento yo era numeraria. Nunca le dije ni le di a entender nada. Ni él a mí. Y se me pasó cuando el sacerdote confesor me dijo que cuide mi vocación y la de “mi hermano” y que si lo que necesitaba era saber que soy tan bonita como para poner una vocación en peligro, que sepa que sí, pero que no siga jugando con fuego. “Entonces sí le gusto” –me dije- y me apreté más fuerte el cilicio (en esta foto el señor sostiene en su mano un cilicio, la parte puntiaguda va en las entrepiernas y causa heridas sangrantes muchas veces) y me olvidé de él. Luego él viajó y no supe nada más.

Casi al final de mi carrera conocí a un chico un año mayor que yo, por quien todas las de mi clase suspiraban. El primer puesto de su promoción (coleccionista de primeros puestos), atractivo, inteligente, pedante (qué atractivos son los pedantes) y me enamoré platónicamente de él. Seguía siendo numeraria, pero tenía un “enamoramiento” que tenía que pasar (sabía que iba a pasar). Como es lógico (lógico para quien conoce el opus, si no lo conoces mira un poco AQUÍ) yo tenía la intención de ser numeraria hasta la muerte, así me tenga que morir joven para lograrlo (lavado de cerebro que le dicen).

Así que lo primero que hice fue ir a mis “Directoras” a decirles que estaba enamorada de este chico, que lo veía todos los días porque recibía clases en el salón del costado y que yo era muy grosera y pesada con él como para que no entre si yo estoy, pero así y todo me cruzaba con él y sentía que se me salía el corazón (adolescente tierna). Mi “Directora” (una jovenzuela de 21 ó 22 años en ese entonces) me dijo que ponga “más medios”, que si él entraba, yo saliera, que si el salía, yo entrara, que no hable con mis amigas si él estaba con ellas, que si él venía por la derecha yo huya por la izquierda.

Lo hice tal cual. El resultado: me obsesioné con él. Tanto así que deseaba no ser numeraria. (El chico no me había dicho ni media palabra, ni se me había insinuado). Llegó el verano y con él las vacaciones y con ellas mi encierro anual para “estudiar doctrina”… del opus, claro. El encierro (llamado “semestre”) era en Lima (la capital) y allí viajamos.

Claro, viajamos las numerarias y viajaron nuestras amigas y sus amigos, porque Lima era el único sitio para hacer prácticas pre- profesionales. Y viajó “él”. Yo no sé si él lo sabe, pero me pasé todo el verano oyendo hablar de él a mis amigas y sabiendo casi exactamente qué había hecho todo ese tiempo. Una tortura.

Luego los del opus decidieron que me vaya. Me rompieron el alma y me fui. Así que cuando quise empezar a verle el lado positivo al asunto de ya no ser numeraria, se me ocurrió que lo único bueno era que podía acercarme a ese chico que tantos desvelos me había causado.

Me acerqué. No era pedante, es un ángel. Un chico buenísimo. El mejor de los amigos. Y me di cuenta que mi enamoramiento de todos estos meses pasados había sido unilateral. Él apenas sabía que yo existía y que era bastante odiosa con él (estrategia para alejarlo de mi) y nada más. Se me pasó el enamoramiento y nació una amistad grande, fuerte y sincera. Se me pasó como por arte de magia. Como quien despierta de un sueño.

Ahí me fijé en un chico de mi clase, muy amigo mío, simpático (olía delicioso siempre y eso era lo que me gustaba más de él). Así que decidí que él me gustaba. Andábamos siempre juntos o en grupo. La verdad era tan platónico que nunca me provocó darle un beso o un pellizcón juguetón, ni a él tampoco. Un buen día una amiga muy querida me dijo que a ella le gustaba el chico. Así que en ese acto se me acabó el gusto a mí. Yo quería que mi amiga esté con él y yo a un costado. Fría y calculadora creo que me dijo él (cuando le comuniqué mi paso al costado). Y sí, a lo mejor. A mi el encantamiento se me acabó ese día, en mi casa, cuando ella me dijo que le gustaba él y que si a mi me gustaba también ella no quería problemas.

Luego vinieron los enamoramientos por internet mezclados con mi lío mental- espiritual causado por el opus, que me dejaron hecha un desastre y así me quedé.
Algunos años después vi a un chico guapísimo entrar en mi clase de la maestría. Ese mismo día contó que se acababa de casar. Eso fue todo. No me gustó más. Aunque había una gran afinidad intelectual y nos hicimos muy amigos y (sobretodo) compañeros de clase y miembros de grupo de estudio.

Es como si supiera que los amores platónicos o el gusto por alguien están condenados a fracasar, que a la primera “mala noticia” los corto de raíz y no vuelvo a pensar en ellos.

Entonces yo no necesito a otro chico en mi vida a quien yo le guste y que parezca que me quiere. Lo que yo necesito es a un chico que me guste. Alguien que me provoque atraer, alguien que haga que yo no me desanime al primer “inconveniente”. Alguien que me “cueste” y a quien valore. Y (obvio) que me valore a mí.

Sí, muy difícil… la verdad, me da pereza. Es por eso que no es una prioridad en mi vida el encontrar el amor…

¿Y si llega?